in extrema hora

Politica

En mi nombre, sí

Escrito por extremahora 14-04-2007 en General. Comentarios (0)

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SÍ al diálogo político, NO a las bombas.

14 de abril

Escrito por extremahora 14-04-2007 en General. Comentarios (0)
"Al iniciarse la década de los años treinta, el sistema educativo español se hallaba en condiciones muy precarias. El Estado tenía una presencia débil, subordinado a la actuación de la Iglesia católica en la enseñanza. La desidia pública se manifestaba en los niveles primarios de la educación, en la discriminación que tenía lugar entre quienes podían cursar el bachillerato y quienes no tenían la posibilidad de estudiar tras la primaria, en la dejación de la enseñanza secundaria. (...). De esta forma, la Segunda República nació con un programa de reforma global del sistema educativo que incluía la construcción urgente de escuelas, la dignificación del maestro con un aumento sustancial de sus retribuciones, el establecimiento de un sistema unitario de tres ciclos, el fomento de una pedagogía activa y participativa, una concepción laica de la enseñanza. Por poner un ejemplo, en cuatro años, entre abril de 1931 y abril de 1935, el número de maestros nacionales pasó de 37.500 a 50.500. La reforma concitó la hostilidad de sectores poderosos de la sociedad española. La Guerra Civil sirvió así para que los franquistas eliminaran la educación como "escudo y defensa de la República".
 
Mª Antonia Iglesias, Maestros de la República
 

El precio político

Escrito por extremahora 20-03-2007 en General. Comentarios (0)

 

Fundación Sindical de Estudios

 

Autor: fse  Fecha: 19/03/2007

Artículo de opinión de Enrique Tordesillas, colaborador de "El Periodico de Aragón", quien considera que es demasiado importante lo que esta pasando en el pais y que las organizaciones sociales y los ciudadanos tenemos que implicarnos en la defensa de los valores democráticos.

La estrategia de la tensión diseñada por el PP desde que perdió las elecciones, parece no tener límite. Desde el principio ha optado por una oposición frontal, sin concesiones, a casi todas de las iniciativas del Gobierno, especialmente a aquellas en las que es más fácil hacer demagogia y apelar a los sentimientos en lugar de a la razón. Las campañas contra la moderada reforma educativa, los matrimonios homosexuales o las reformas estatutarias son buenos ejemplos, pero la estrella, la que se ha mantenido constante en el tiempo, ha sido la política antiterrorista.

La política antiterrorista jamás había sido motivo de confrontación entre los dos partidos mayoritarios. Quizás por eso, una vez tras otra, el Gobierno parece descolocado, a la defensiva y sin ser capaz de hilvanar un mensaje claro ante las ofensivas de la oposición. Si a esto le sumamos la complejidad de la actual coyuntura en la lucha antiterrorista y lo fácil que es hacer demagogia con este asunto -con frecuencia los políticos utilizan un discurso simplista y maniqueo, como si nos considerasen a los ciudadanos inmaduros, incapaces de utilizar el sentido común y analizar las cosas aunque estas sean complejas, y esto al final se paga- no es de extrañar que la ofensiva del PP ante la concesión del segundo grado a De Juana haya descolocado incluso a buena parte del electorado socialista.

De nada vale que De Juana estuviese condenado por amenazas y no por terrorismo, que la sala de la Audiencia Nacional a la que tocaba decidir sobre su excarcelación fuese favorable a la misma, que empezase su huelga de hambre contra la voluntad de ETA y Batasuna, que los informes médicos señalasen el grave deterioro de su salud, que el juez de Vigilancia Penitenciaria estuviese de acuerdo con la excarcelación o que seguirá cumpliendo la pena bajo vigilancia domiciliaria.

De nada vale tampoco la evidencia de las reiteradas mentiras del PP, primero con la pretendida complicidad de ETA en el atentado del 11-M, luego conque las siete plagas que nos iban a llegar de la mano del Estatut, con la entrega de Navarra a la serpiente terrorista, que vuelve a aparecer en primer plano sin que nada lo justifique... Una nueva mentira ha calado, y lo que ha quedado en el subconsciente de mucha gente es que el presidente Zapatero ha puesto en libertad a un terrorista.

Al final el Gobierno va a pagar un precio político, pero no a ETA y su entorno como dice Rajoy, sino el precio político de aparecer ante buena parte de la ciudadanía como incoherente, débil y cediendo al chantaje de ETA.

Pero lo peor no es que el Gobierno pague un precio político, lo más grave es que también lo vamos a pagar los ciudadanos. La tormenta desencadenada por los populares amenaza con llevarse por delante la estrategia reformista impulsada por Zapatero, deteriorar el clima de convivencia y sentar las bases de una notable involución política.

El Gobierno ha dejado relegado para mejores tiempos parte del programa electoral del PSOE (el proyecto de abrir un debate sobre la eutanasia es un ejemplo), ha tenido que retirar proyectos como el de la ley sobre la publicidad del vino y ha cedido a las reivindicaciones de la Iglesia sin ninguna justificación social y sin que por ello la jerarquía católica haya disminuido el nivel de confrontación con la política de Zapatero.

La crispación que esta provocando el Partido Popular no se queda en los ámbitos político y mediático, cada día se dan más casos, entre familiares, vecinos o compañeros de trabajo, en los que se rehuye hablar de política para evitar enfrentamientos personales. En el mejor de los casos estamos ante un proceso que lleva a la desconfianza y el alejamiento de la política.

Por otra parte lo que la derecha perdió por voluntad popular hace tres años, pretende recuperarlo alentando un posicionamiento partidista de las Instituciones del Estado: se recusa de un miembro del Tribunal Constitucional para que no participe en la decisión sobre la constitucionalidad del Estatuto Catalán, se impide que la Sala de la Audiencia Nacional correspondiente se pueda pronunciar sobre la excarcelación de De Juana, se cambia de manera irregular la composición de la Sala Especial del Supremo, encargada de resolver sobre la posible participación electoral de la izquierda abertzale y el Tribunal de Cuentas pretende controlar la elaboración de los Presupuestos Generales del Estado, competencia clara del Gobierno. El Poder Judicial y otras Instituciones del Estado están entrando de lleno en un ámbito político que no les corresponde, en detrimento de la separación de poderes propia de un Estado de Derecho.

La extrema derecha (la de dentro y la de fuera del Partido Popular), que ha encontrado en la política de la dirección del PP el caldo de cultivo que se le había negado durante años, está cada día más crecida y amenazante ante el desconcierto de los partidos de centro e izquierda que, hasta ahora, no han sabido como reaccionar.

Es imprescindible que el Gobierno retome la iniciativa política y siga desarrollando su programa, pero me temo que, aunque esto sea condición necesaria, no va a ser suficiente imponer otra agenda en la que la política económica, la ampliación de derechos o las medidas de protección para los colectivos más vulnerables sean el eje. Estamos ante una ofensiva de la derecha política, social y religiosa para desestabilizar al Gobierno y aparecer como salvadores de la Patria y como la confrontación no se puede basar en la evolución de la economía, hace años que no teníamos una situación tan favorable, está planteada en el terreno ideológico.

Los dirigentes del PP y sus aliados, que no pretenden dar alternativas a la política del Gobierno, están apelando a los valores más conservadores de la sociedad española (aun existentes después de tantos años de nacional catolicismo) recordando unos tiempos en los que la que la Iglesia imponía las normas morales, la Patria (es decir, España) era una unidad de destino en lo universal, dialogar con el enemigo (por ejemplo con ETA) se consideraba como una grave traición y no existía la presunción de inocencia y era el acusado (en este caso el Gobierno) el obligado a demostrar que no se ha plegado a las exigencias de la banda terrorista.

Hacía mucho tiempo que no se vivía una situación así. Está claro que la derecha tiene raíces profundas y que para avanzar en una sociedad democrática no es suficiente con promulgar determinadas leyes, es imprescindible no ceder en la defensa continua de valores democráticos. Esto, que debería formar parte de la actividad cotidiana de las organizaciones políticas y sociales, se ha olvidado con demasiada frecuencia en beneficio de la política pragmática del día a día (“No importa que el gato sea blanco o negro si caza ratones”, decía Felipe González), con el consiguiente debilitamiento de las ideas progresistas. Los avances conseguidos en los años de democracia no son irreversibles y si las ideas retrógradas impulsadas por el PP no encuentran oposición, irán calando en la sociedad y se pondrán en cuestión parte de los derechos conseguidos en los últimos tiempos.

La estrategia del PP difícilmente le conducirá a recuperar el gobierno, pero si no somos capaces de contrarrestar la ofensiva de la derecha, gobierne quien gobierne, lo hará en una sociedad más crispada, más atemorizada y menos democrática que la actual. Lo que está pasando es demasiado importante como para dejarlo solo en manos de los partidos políticos – que a veces parecen más preocupados de conseguir votos que de saber que quieren hacer con ellos- también las organizaciones sociales y los ciudadanos tenemos que implicarnos en la defensa de los valores democráticos. Nos jugamos algo más que un cambio de gobierno.

Nada que objetar

Escrito por extremahora 10-03-2007 en General. Comentarios (0)

 

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Javier Parra

Una Mentira, Grande y Libre

17:51h. del Sábado, 10 de marzo.

“La infamia ha tomado las calles. Cautiva y desarmada la democracia y la razón, el nacionalcatolicismo ha alcanzado sus últimos objetivos militares”. Quizá con una frase similar a esa sueñen quienes hoy sacan a la calle a sus hordas de odio, sinrazón y estupidez, quienes intentan despertar fantasmas y pesadillas del pasado. El espíritu del 18 de julio y del 23 de febrero intenta hacerse fuerte. El espíritu de 40 años de oscuridad, de banderas estridentes, de águilas de San Juan, de Falanges y patriotas. El espíritu de “Una, Grande y Libre”… de Una Mentira, Grande y Libre.

“España es una”, dicen algunos con orgullo y disciplina castrense. Pero al menos hay dos.

Una, la de los caciques, la retrógrada del patriotismo casposo. La de los Reyes Católicos y la Inquisición. La de la corrupción y el pelo engominado. La de los golpes militares y el caciquismo. La que bosteza y hace temblar de miedo. La del rencor y el odio. La de las mentiras y la guerra. La que fusiló y exilió a la democracia. La de Pio Moa y Jiménez Losantos. La que llena autobuses de odio. La del “¡Vivan las cadenas!” y el “¡Muera la inteligencia!”.

Pero hay otra, la de los hombres y mujeres que trabajan, luchan, sueñan y se estremecen. La de la memoria y la dignidad. La asesinada y enterrada en las cunetas, y que como una semilla empieza a florecer de nuevo. La que no es una, sino miles. La que piensa, y no nació para ordenar ni obedecer. La que llena las calles de paz.

Mientras esta se alimenta de sueños, aquella vive de mentiras. Mentiras que se abrazan a los símbolos, se apropian de ellos, los rescata, los convierte en armas arrojadizas. Banderas rojigualdas, escudos franquistas, lazos azules – vergonzosa infamia -, y odiosos rugidos de “¡Viva España!.”

Ni Dios, ni Patria ni Reyes, sino "asturianos de braveza,vascos de piedra blindada, valencianos de alegría y castellanos de alma, labrados como la tierra y airosos como las alas; andaluces de relámpagos, nacidos entre guitarras y forjados en los yunques torrenciales de las lágrimas; extremeños de centeno, gallegos de lluvia y calma, catalanes de firmeza, aragoneses de casta, murcianos de dinamita frutalmente propagada, leoneses, navarros, dueños del hambre, el sudor y el hacha, reyes de la minería. señores de la labranza, hombres que entre las raíces, como raíces gallardas, vais de la vida a la muerte, vais de la nada a la nada: yugos os quieren poner gentes de hierba mala, yugos que habréis de dejar rotos sobre sus espaldas" *.

Que distintos aquellos versos a estos rebuznos. Pero la mentira se desmonta, esa España casposa se desmorona. Lo saben, tienen miedo, sacan los dientes. Unos dientes que desgarraron un país en 1936, y que sin duda volverían a hacerlo si dispusiese - como entonces - de los tanques italianos y los aviones alemanes.

Esa Mentira Grande y Libre habrá de ser encadenada y arrojada a las cloacas de la historia por quienes creen en la libertad, la paz y la democracia por encima de símbolos, trapos y patrias inventadas. Quizá entre todos, los que nacimos aquí, los que vienen de lejos, podamos juntos construir el futuro en la tierra que soñaron, sufrieron y murieron Lorca, Machado o Alberti…los que amaron una España que nada tenía que ver con patriotismos de cuartel. Viva la inteligencia. Muera la mentira. Mueran las cadenas.

* Del poema "Vientos del Pueblo me llevan" de Miguel Hernández.