in extrema hora

Cómicos

Escrito por extremahora 30-09-2007 en General. Comentarios (0)

¡Cómicos!
Duermen vestidos,
viven desnudos,
beben la vida a tragos.
Son adorados,
son calumniados
como dioses de barro.

¡Quién le ha visto
y quién le ve!
Discutía en el café
la interminable cuestión
de si son o si no son.
Juntos deciden votar,
hay que pasar a la acción:
"Por general decisión
se suspende la función".

¡Cómicos! ....

Después de tanto silencio
representan su papel:
llenos de polvo los pies,
han puesto precio a su piel.
Codo con codo se hará
la cultura popular:
aunque les cubran de sal
la semilla crecerá.

¡Cómicos! ...

De nada vale el camino
que nos marcaron ayer;
cuando no se tiene nada
ya no hay nada que perder.
Nadie le va a regalar
lo que no consiga él.
Vale más morir de pie
que ser el bufón de un rey.

¡Cómicos! ...

Víctor Manuel

Como agua para chocolate

Escrito por extremahora 26-09-2007 en General. Comentarios (1)

Mi abuela tenía una teoría muy interesante; decía que todos nacemos con una caja de fósforos adentro, pero que no podemos encenderlos solos... necesitamos la ayuda del oxígeno y una vela. En este caso el oxígeno, por ejemplo, vendría del aliento de la persona que amamos; la vela podría ser cualquier tipo de comida, música, caricia, palabra o sonido que engendre la explosión que encenderá uno de los fósforos. Por un momento, nos deslumbra una emoción intensa. Una tibieza placentera crece dentro de nosotros, desvaneciéndose a medida que pasa el tiempo, hasta que llega una nueva explosión a revivirla. Cada persona tiene que descubrir qué disparará esas explosiones para poder vivir, puesto que la combustión que ocurre cuando uno de los fósforos se enciende es lo que nutre al alma. Ese fuego, en resumen, es su alimento. Si uno no averigua a tiempo qué cosa inicia esas explosiones, la caja de fósforos se humedece y ni uno solo de los fósforos se encenderá nunca.

 

Laura Esquivel

Malas palabras

Escrito por extremahora 23-09-2007 en General. Comentarios (0)

Un Congreso de la Lengua, es más que todo, para plantearse preguntas. Yo como casi siempre hablo desde el desconocimiento, me pregunto por qué son malas las malas palabras, quién las define como tal. ¿Quién y por qué?, ¿quién dice qué tienen las malas palabras?, ¿o es que acaso les pegan las malas palabras a las buenas?, ¿son malas porque son de mala calidad?, o sea que ¿cuando uno las pronuncia se deterioran? o ¿cuando uno las utiliza, tienen actitudes reñidas con la moral?

Obviamente, no se quién las define como malas palabras, tal vez sean como esos villanos de viejas películas como las que nosotros veíamos, que en un principio eran buenos, pero que al final la sociedad los hizo malos. Tal vez nosotros al marginarlas, las hemos derivado en palabras malas, lo que yo pienso es que brindan otros matices muchas de ellas. [...] Otra cosa, hay una palabra maravillosa que en otros países está exenta de culpa —esa es otra particularidad, porque todos los países tienen malas palabras pero se ve que las leyes de algunos países protegen y en otros no—, hay una palabra maravillosa, decía, que es carajo. [...] tengo entendido que el carajo era el lugar donde se colocaba el vigía, en lo alto de los mástiles de los barcos para divisar tierra o lo que fuere, entonces mandar a una persona al carajo era estrictamente eso, mandarlo ahí arriba. [..] Voy cerrando, después de este aporte medular que he hecho al lenguaje y al Congreso, lo que yo pido es que atendamos a esta condición terapéutica de las malas palabras. Mi psicoanalista dice que es imprescindible para descargarse, para dejar de lado el estrés y todo ese tipo de cosas. Lo único que yo pediría (no quiero hacer una teoría) es reconsiderar la situación de estas palabras. Pido una amnistía para la mayoría de ellas. Vivamos una navidad sin malas palabras e integrémoslas al lenguaje, que las vamos a necesitar.

Pasionaria

Escrito por extremahora 22-09-2007 en General. Comentarios (4)

Sí, veremos a Dolores - Ana Belén

 

Sí, veremos a Dolores caminar

las calles de Madrid.

 

¿Quién te puede negar?

Si el tiempo transcurrido confirmó

que esto no a daba más,

y que era inevitable

la reconciliación.

Se gastan las palabras

golpeando contra el muro,

pero ahí están las tuyas

cargadas de futuro.

 

Sí, veremos a Dolores caminar …

 

¿Quién te puede negar?

No hay tregua en el combate por la paz.

Desde el 56

tendimos nuestra mano

a todos los demás.

Bandera infatigable

del hombre acorralado,

de un pueblo que no quiere

vivir amordazado.

 

Sí, veremos a Dolores caminar …

 

¿Quién nos puede negar?

¿Por qué nos regatean respirar?

Quién se atreve a explicar

que sea un beneficio

la clandestinidad.

Para otros los laureles,

la regalada historia,

que el único camino

nos lleve a la victoria.

 

Sí, veremos a Dolores caminar …

 

 

Para ti

Escrito por extremahora 06-09-2007 en General. Comentarios (2)

Hoy no escribo en versos. Me quito el disfraz de poeta con que suelo enmascararme y solo escribo, deseando fervientemente que en el otro extremo del monitor que tengo frente, tu mirada acaricie mis letras y descifre lo que mis dedos van derramando en el teclado. Quizás no creas en principio que lo que escribo es para ti. Quizás lo leas como algo más que escribió alguna soledad en el correo de sus lamentos, como hacen otros tantos. Quizás como lo haces tu misma. Sólo quizás. Pero tengo fe ciega en que, si eres tú la que espero, lo que escribiré desatará dentro de ti las ondas cristalinas del estanque de tu alma, como quiebran la quietud del agua las hojas que caen al río. Y cuando suceda, y sepas que eres tú, entonces lo que escribo tendrá destino. Sabrás que es cierto y sabrás también perfectamente a qué me refiero cuando hablo de lo que hay en mí, porque hablamos de lo mismo. Porque nos late por dentro y por fuera. Es sólo que mi conciencia de ti ya ha despertado y ahora busco desesperadamente el despertar de la tuya.

Te sueño hace tiempo. No sé si te creé de mi fantasía o de un deseo. Pero desde la primera vez que te soñé, me aferré a ti para siempre. Cómo es posible? No lo sé aún. Ni yo mismo  puedo explicarlo. Pero, sabes? Ya dejé de pedir respuestas. Ahora solo espero por ti y todo lo tuyo.

No te imagino claramente, lo confieso. No tengo detalles de cómo puedas ser. No tengo ni la menor idea de cómo vendría vestida tu alma. Pero por dentro te conozco. Cuánto te conozco! Te conozco más que a mi mismo. He conversado tanto contigo, con tu sombra, que podría reconocer tu susurro, tu respiración y tu aliento aunque nunca te he visto. Te sé tanto que, estoy seguro, sabré reconocer tu pulso y el ritmo de tus latidos aunque no contara con mis sentidos.

No sé como podría explicarte lo que siento. Sólo sé que cuando pienso en ti sonrío inevitablemente y una brisa helada recorre mi ser como si una presencia etérea se apoderara de mi. A veces miro a mi alrededor esperando encontrarte, segura de que si estás, sabría quien eres tú. Y otras veces pienso que es humanamente imposible tener esa certeza y me sorprendo a mi mismo vagando entre la mirada de caras desconocidas, gritando tu nombre sin saberlo, esperando que en el eco de mis propias voces, me respondas: Aquí estoy!

Sé que respiras profundo y pausado. Se que quisieras encontrarte en estas líneas. Correr más rápido tras el tropel de mis letras, alcanzar tu propio nombre aquí y cerciorarte de que eres tú misma. Sonríes. Te gusta más tu verdad en palabras ajenas. Y yo me voy enamorando cada día más de esa sonrisa que no he visto nunca en piel alguna, esperanzada en que algún día, algunos labios me mostrarán cómo es, en realidad, esa sonrisa en tu boca.

Te brillan los ojos y comienzas a sentir el deseo incontenible de hacer realidad lo que sientes al leerme, porque lo necesitas tanto como yo. Porque quizás te sobra todo, pero te falta lo que yo tengo como un estigma de ti. El secreto que me dejaste en la almohada, el que me cantaste en voz muy baja para no despertarme, pero que yo encontré en la mañana, impregnado del rocío de tu aroma. Tu secreto que es mi vida y que atesoro tanto. El secreto con que te escribo ahora.

Siento un nudo en la garganta de sólo pensar que me lees y que no sé dónde estás. La desesperación me alebresta el alma por correr hasta ti y refugiarme en tus brazos sin más palabras. Sabes que me muero por arrullarme con tu silencio y protegerme del mundo acurrucado en la calidez de tu cuerpo, oculto en la ternura de tu aroma y absorta en la melodía de tu voz. Y lo que más me atormenta, es que en lo profundo de mi cordura, de mi realidad y mi consciencia yo sé que existes. Que estás en algún lado buscándome como yo vivo dando vueltas en este laberinto persiguiendo las huellas que imagino tuyas y los despojos que la vida me va regalando de lo que tu sientes.

En un abismo de sentimientos sin respuestas encuentro serenidad sólo cuando dejo ir mi alma convertida en letras a tu vida, pensando, como ahora, que sabrás que es para ti que escribo. Entonces me invade la misma paz que me regala soñarte, despierto o dormido. Tu silueta deja de ser sombra para hacerme compañía y el mundo entonces se hace más llevadero. Saber que estás al otro extremo de este monitor y que mis palabras encontrarán un alma para hacer eco, que se me devolverá en la esperanza de que seas tú y de que me sientas. Que sepas que estoy aquí, que existo y que yo sé que estés allá, que podré alcanzarte algún día.

Queda en mi, mientras tanto esta ansiedad de encontrarte De mirarte a los ojos de carne para saber de qué color son. De salir del espejo en el que te miras cada mañana y que sepas que soy yo, quien te recita poesías en las noches para que no te sientas sola y te espanta los fantasmas que quieren asustarte. Dejar de ser una angustia y convertirme en un remanso donde descanses cada noche aunque no duermas conmigo. Dejar de ser un sueño, una fantasía, un deseo y convertirme en lo que anhelas.

Mi más grande temor es que no sea yo quien esperas tú, porque ya no me quedan más que un par de manos desvencijadas que sólo saben acariciar y escribir. Unos labios desteñidos y añejos que solo saben susurrar recitando la lluvia y besar tarareando el silencio. Sólo me queda una piel desgastada que aguarda pacientemente para cuidarte del frío y mis ojos, con un par de miradas reservadas para reconocerte y para adorarte el resto de lo que me quede cuando te encuentre.

No tengo nada que ofrecerte, pero quería que supieras, que allí donde estás estoy yo. En el lado oscuro de tu corazón cuidándote los sueños. Arrullándote con cantar de grillos cuando oscurece para que duermas y así colarme en tus sueños a robarte un poquito de lo que necesito para seguir adelante.

Sólo quería que supieras, que sí, que escribo para ti y que deseo con todo mi corazón que lo sepas, que lo sientas y que me des la oportunidad de saber que no estoy equivocado. Que sí existes y que quizás algún día puedas acercarte a recoger lo que te he guardado en mi alma.

Quería que supieras de mi amor por ti y lo que sé de tu vida. Y que si algún día sientes que puedo tener de ti aunque sea solo un suspiro, moriré feliz de tenerlo, porque viví para recibirlo.

Desde lo más profundo de mí te escribo para amarte un poco mientras apareces.

Visens.