in extrema hora

Gracias, Silvia

... En un mundo de masas, de consumismo incontrolado, de cantidades, de números y de cifras, añoro lo pequeño, lo cuidado, lo personalizado, lo especial...
 
Añoro ciudades o pueblos pequeños con pequeños espacios donde se encuentre lo suficiente, añoro las distancias que se acortan y no las que se acrecientan con el aumento de la velocidad, añoro el tiempo que se pierde en deambular por espacios enormes, añoro el encuentro en lugar de la búsqueda, la satisfacción de lo poseído en lugar del deseo de lo que no se tiene, el microcosmos en vez del macrocosmos, lo esencial, lo cercano, lo ínfimo, el mundo al alcance de la mano, y, por encima de todo, la calidad siempre frente al inconmesurable vacío de la cantidad.
 
Ligia

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