in extrema hora

No es olvido

¡OLVIDAME! ¡OLVIDAME!
Gritó dos veces antes de dar de portazos, de cerrar las cortinas, las ventanas y de descolgar los teléfonos.
Desde la calle me quedé contemplando el espectáculo, estaba medio aturdida, después de todo sólo ayer me había entregado las llaves de su cuarto, y hoy día gritaba todo desesperado. ¡OLVIDAME! ¿Qué es esto?
Me fui a casa, encendí el calefactor y preparé un café. Los ojos quisieron llenárseme de lágrimas, pero me contuve. ¡No vayas a llorar pedazo de tonta! Me repetí tres veces. Tú estás muy vieja para llantos, eso es para los niños. Ellos pueden darse tiempo para penas. Tú ya no tienes tiempo. Tú tienes que enojarte, maldecir, mandar a la misma mierda. Pero no puedes quedarte en la tristeza. Hay que sacar fuerzas de flaqueza (o de "gordeza", como dice la otra loca), se construye mejor desde el enojo… que desde la tristeza.
Me acosté, trataba de dormir, pero la palabrita puñetera me afiebraba la cabeza. OLVIDAME!, OLVIDAME!
Hay gente que no sabe lo que dice. Cómo si hubiera olvido, como si él existiera. Yo mandaría a sacar esa palabra infame del diccionario, para que los amigos no anduviesen diciendo payasadas.
Verán, una puede entender que no la quieran, eso es obvio, pero que la manden a olvidar, eso es una patraña. No señor, yo hago lo que yo quiero del recuerdo. Yo me voy construyendo con los hechos y, aunque haya sido breve, lo que sea se quede me pertenece, es mío.
Yo no olvido, yo recuerdo los besos, los gemidos, los abrazos, los ojos, la presencia, las caricias, la voz, las interminables pláticas, los cariños, los sueños, las sonrisas, las risas y hasta las carcajadas. Yo lo tomo, y lo guardo, y lo  envuelvo y lo cubro…para que nadie me arrebate lo vivido. Que ha terminado mal. Ese no es el asunto. Al fin que sólo ha terminado.
Soy todo lo que digo y todo lo que oigo, soy todo lo que hago y todo lo que veo. Así me he ido construyendo, y no quiero borrar, ni un punto ni una coma. Se queda todo, para que nunca olvide.
Lo que hay que hacer contigo es otra cosa. Yo lo tengo aprendido. Lo que tengo que hacer es apagarte, apagarte, de a poquito apagarte, deshacerte. Hay que tomar el sentimiento e irlo convirtiendo en nimiedades. Tomar entre mis manos, como un terrón de arcilla, este amor inmenso que había construido, e irlo convirtiendo poco a poco en porciones más pequeñas, y más, y más pequeñas, hasta que se haga polvo y pueda derramarlo sin notarlo, tirarlo, barrerlo, sacudirlo. Minimizando al máximo todas las emociones, para que sin olvido, ya no duela.
Ya son las seis de la mañana, con todo el desvarío no he conseguido más de una hora de sueño. Como si lo sintiera. Mejor que aclare el día.
Hay trufas, hay un tango y fresas congeladas. Buen inicio
Como a eso de las nueve ... voy, por un corte de pelo.
 
Paula©

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