ALEJANDRA AZCÁRATE
El ser humano necesita el conflicto para vivir. Hay a quienes les sobran los problemas, otros que inconscientemente se los buscan y algunos con una porción de ambas partes. En esta última categoría clasificamos todos los fumadores. Somos seres adheridos a un delicioso demonio comúnmente llamado 'pucho'.
Lo odiamos y lo queremos tanto a la vez que hemos llegado al límite de idealizarlo y crearle funciones ficticias. Sentimos que nos baja la comida y nos acelera la digestión; si tenemos frío creemos que nos abriga; si padecemos de baja autoestima, mágicamente consideramos que nos hace ver sexys; en medio de la soledad nos ofrece compañía y en el peor de los casos si se sufre, como yo, de un problema psicomotor, nos crea una función permanente para la inutilizada mano derecha.
Considero que el cigarrillo es un vicio psicológico. Dependemos del humo para respirar. Nuestra ansiedad se nivela, nuestros nervios se controlan, nuestros espacios de alegría se elevan, nuestro insomnio desaparece y el hambre da espera. Es un desastre vital.
Al fumar, en cada exhalación se nos va un pensamiento. No crean que en vano más de un hombre expide aritos por su boca. Hay que entender que puede ser para muchos lo más cercano a la argolla que jamás entregarán. Las mujeres, por su parte, conscientes de la lucha por encontrar al deseado, ven en el cigarrillo el añorado palo del que solo se desprenderán por voluntad y no por obligación.
Quienes lo aborrecen lo hacen porque no le han dado una oportunidad. El que descubre el universo inmerso en el tabaco no lo abandona. Cada cigarrillo, así nos reste segundos de vida, lleva en sí tres minutos de gloria.
Nuestra relación con él es única y genuina, nuestro amor nos permite perdonarle cada uno de sus defectos y optimizarle todas sus deficiencias. Si nos deja la ropa pasada a chicote la llevamos a la lavandería, si quedamos con un aliento nauseabundo cargamos toneladas de chicles y mentas capaces de destruir cualquier secuela, si los dientes se nos ponen amarillos vamos donde el odontólogo o al diseñador de sonrisa para que nos la deje como una pianola.
Hasta por cuestión de imagen, como embajadores del café colombiano, le hacemos honor al producto porque jamás será lo mismo un tinto sin cigarrillo. Nuestro vínculo es único e indestructible.
No somos nadie para contaminar a los demás con nuestra macabra felicidad, no tenemos derecho a robarle el espíritu al aire fresco y mucho menos a compartir nuestra dulce desgracia.
Pero hay que entender que en cada cenicero, aparte de la basura que muchos ven, se quedan sentimientos, ideas, frustraciones, anhelos y sueños de muchos desconocidos rechazados por vecinos que, moviendo las manos y frunciendo el ceño, espantan el humo que nosotros no quisiéramos abandonar.
Perdónennos por disfrutar nuestro mal; pero, como diría nuestra canción: ¡No hay humo pa' tanta gente!
http://www.eltiempo.com/vidadehoy/15dejuniode2008/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR-4279883.html
... En realidad ningúnautor inventa o escribe solo, y no nos referimos exclusivamente aleditor o al "negro" de turno, sino al hecho de que las ideas están enel aire y no pertenecen a un solo individuo. El autor, cualquier autor,es más que nada un "reductor de complejidad" y desarrolla una funciónpasajera, es decir, realiza una síntesis precaria de flujos deinformación/imaginación que son transmitidos por toda la sociedad y laatraviesan por completo, sin tregua, como las ondas electromagnéticas.por principio, es absurdo querer imponer una propiedad privada de lacultura. Si en el fondo todo lo produce la multitud, es justo quecualquier "producto del ingenio" esté a su disposición. No hay "genios"y por lo tanto tampoco hay "propietarios". Hay intercambio yreutilización de las ideas, es decir "mejora". Ya lo decía Lautreamont:para que las ideas progresen es necesario el "plagio" (y por lo tanto,su condición de posibilidad, la "piratería", la reproducción libre). Enla historia reciente, esta posición -hasta hace pocos siglosconsiderada obvia y natural- ha sido sostenida sólo por representantesde corrientes radicales y antagonistas [...] Hoy vuelve a ser unavisión hegemónica, gracias a la revolución digital y, más en concreto,al gran éxito del software libre, GNU, Linux, etc.
Al otro lado de la barricada está todo aquello contra lo que laizquierda, en todas sus versiones, ha luchado desde la Ilustración: larenta nobiliaria, la "mano muerta" aristocrática, la explotación de losfrutos del trabajo por parte de parásitos acomodados. pero, comoestábamos diciendo, se trata de clases e intereses "obsoletos": tambiéna la luz de cómo funciona hoy en día la producción de riqueza, elcopyright es un instrumento superado, un residuo ideológico cuyaexistencia castra la inventiva, limita el desarrollo del "capitalcognitivo", desarrollo que requiere cooperación social, brainstormingen todos los campos. Para se "productivas", las ideas deben podercircular libremente. Si quisiéramos utilizar una terminología marxistaclásica, diríamos que hoy el desarrollo de las fuerzas productivashacen entrar en crisis las relaciones de producción. Pensemos en losprogramas de "igual a igual" que permiten compartir archivos de mp3.Pensemos en las tecnologías de reproducción como los masterizadores. Sumera existencia son la prueba de que la Convención de Berna sobre losderechos de autor está superada de hecho, por el propio desarrollo delas fuerzas productivas. Dicho de manera sencilla: no se pueden lanzaral mercado tecnologías como los ordenadores, los scanner, losmasterizadores, las fotocopiadoras, y luego hacer intervenir a losgobiernos y las fuerzas de la policía porque la gente los utiliza... demanera "equivocada".
Contra este enorme (y todavía no del todo consciente) movimiento, sepone en marcha una resistencia feroz por parte de las mafias de lapropiedad intelectual, con el empeoramiento de las leyes vigentes. Nosólo eso: se lanza además un contraataque a enorme escala para extenderla lógica de la propiedad intelectual a los seres vivos y a lassecuencias genéticas humanas. De lo que se deduce que la del copyrightes la principal línea del frente del actual conflicto socio-ecológico.De todos modos, en la industria cultural estamos venciendo nosotros,basta con pensar en la música: hoy las grandes casas discográficaslloran amrgamente, se lanzan con violencia contra la "piratería", venreducidos de manera drástica sus márgenes de benficio. ¡Perfecto! Laspompas de jabón estallan, se redimensionan fenómenos de parasitismo quehabían asumido proporciones ridículas: payasos que se embolsan millonessólo porque en el piano-bar hace treinta años que suena su único éxito,una sociedad bien conocida que monopoliza la administración de los"derechos de autor" sacando dinero gracias a enrevesadas sutilezaslegales y dividiéndolo entre las Grandes familias que la gestionan, etc.
El disfrute de la música (y no sólo de la música) está cambiando, la"cultura de masas" deja el puesto a una nueva cultura "popular", en lacual cuentan cada vez más las exhibiciones en vivo, las redessolidarias, lo compartido, el háztelo-tú-mismo (autoproducción,autodistribución, el boca a boca), y a fin de cuentas va a importarpoco quién ha compuesto o ha escrito tal cosa. El artista será cada vezmenos Divo (o Autor) y cada vez más narrador, trovador, bardo.
... En un mundo de masas, de consumismo incontrolado, de cantidades, de números y de cifras, añoro lo pequeño, lo cuidado, lo personalizado, lo especial...
Añoro ciudades o pueblos pequeños con pequeños espacios donde se encuentre lo suficiente, añoro las distancias que se acortan y no las que se acrecientan con el aumento de la velocidad, añoro el tiempo que se pierde en deambular por espacios enormes, añoro el encuentro en lugar de la búsqueda, la satisfacción de lo poseído en lugar del deseo de lo que no se tiene, el microcosmos en vez del macrocosmos, lo esencial, lo cercano, lo ínfimo, el mundo al alcance de la mano, y, por encima de todo, la calidad siempre frente al inconmesurable vacío de la cantidad.
Ligia
Compañera, usted sabe
que puede contar conmigo
no hasta dos o hasta diez,
sino contar conmigo.
Si alguna vez advierte
que a los ojos la miro
y una veta de amor
reconoce en los míos,
no alerte sus fusiles
ni piense que deliro.
A pesar de esa veta
de amor desprevenido,
usted sabe que puede
contar conmigo.
Pero hagamos un trato,
nada definitivo:
yo quisiera contar con usted,
es tan lindo
saber que usted existe,
uno se siente vivo.
Y quiero decir contar,
hasta dos, hasta cinco,
no ya para que acuda
presurosa en mi auxilio,
sino para saber,
y así quedar tranquilo,
que usted sabe que puede
contar conmigo.
Benedetti y Serrat
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Jajaaaa
Yo no sé muchas cosas, es verdad
Digo tan sólo lo que he visto.
Y he visto:
que la cuna del hombre la mecen con cuentos...
Que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos...
Que el llanto del hombre lo taponan con cuentos...
Que los huesos del hombre los entierran con cuentos...
Y que el miedo del hombre
ha inventado todos los cuentos.
Yo no sé muchas cosas es verdad.
Pero me han dormido con todos los cuentos...
Y sé todos los cuentos.
León Felipe
La religión es la queja de la criatura atormentada, el aliento de un mundo sin corazón, el alma de las condiciones de vida desalmadas. Es el opio del pueblo.
Karl Marx

Déjame atravesar el viento sin documentos
que lo haré por el tiempo que tuvimos...
Porque no queda salida,
porque pareces dormida,
porque buscando tu sonrisa estaría toda mi vida;
Quiero ser el único que te muerda la boca,
quiero saber que la vida contigo no va a terminar.
Déjame que te cierre esta noche los ojos,
y mañana vendré con un cigarro a la cama.
Porque no tengo más intenciones que seguir
bebiendo de esta copa
que no está tan rota!
Quiero ser el único que te muerda la boca.
Quiero saber que la vida contigo no va a terminar.
¡Porque sí, porque sí, porque sí!,
porque en esta vida no quiero pasar más de un día entero sin ti.
Porque sí, porque sí, porque sí!
porque mientras espero, por ti me muero y no quiero seguir así.
Los Rodríguez - Sin documentos
TE CALLAS
PARA QUE TE OIGA
NO ME MIRAS
PARA QUE TE VEA
ME ODIAS
PARA QUE TE AME
Y YO TE GRITO
Y NO ME OYES
TE MIRO
Y NO ME VES
TE AMO
AUNQUE ME ODIES
TÚ SUEÑAS QUE VIVES CONMIGO
YO VIVO SOÑANDO CONTIGO
SI YO ESCRIBO
TÚ NO LEES
SI TÚ LEES
YO NO ESCUCHO
SI TÚ ESCUCHAS
YO NO DIGO
TÚ SUEÑAS QUE VIVES CONMIGO
Y YO VIVO SOÑANDO CONTIGO


| Descripción |
Steve McCurry, célebre artista de la Agencia Magnum Photos y colaborador habitual de la publicación National Goegraphic se une a Amnistía Internacional en la edición de nuestro calendario con motivo del 60 Aniversario de la declaración de los Derechos Humanos. Semana vista de lunes a viernes. Incluye los 30 artículos de la declaración de los Derechos Humanos y destaca días importantes en materia de derechos humanos. Idioma: castellano 24 páginas 12 fotografía en color medidas (desplegado): 61x30.5 cm |
https://www.es.amnesty.org/ssl/tienda/
Durante el reinado del buen rey Herodes vive en el áspero pueblo de Nazaret una mujer llamada María, casada con un carpintero afable, José.
Una magnífica mañana de primavera, el arcángel Gabriel visita a la mujer y le dice "Dios te ha concedido su gracia, Maria; el Señor es contigo".
Las palabras del alado la aturden. ¿Por qué saluda con tanto protocolo? El arcángel habla. "Dios ha decidido que tendrás un hijo, le llamarás Jesús".
A María le cuesta entender qué quiere decir y por eso el arcángel se lo repite: "No tengas miedo, María. Dios te ha concedido la gracia de un hijo, le llamarás Jesús".
Pero María se niega en redondo. "¿Cómo que no?", se desconcierta el arcángel. María no se echa atrás: "Ni hablar. No estoy de acuerdo. No tendré ese hijo".
Los fascistas no son como los hongos, que nacen así en una noche, no. Han sido los patronos los que han plantado los fascistas, los han querido, les han pagado. Y con los fascistas, los patronos han ganado cada vez más, hasta no saber dónde meter el dinero. Y así inventaron la guerra, y nos mandaron a África, a Rusia, a Grecia, a Albania, a España,... Pero siempre pagamos nosotros. ¿Quién paga? El proletariado, los campesinos, los obreros, los pobres.
Olmo (Gerard Depardieu) en la película “Novecento” de Bernardo Bertolucci.

Llegó
con su espada de madera
y zapatos de payaso
a comerse la ciudad.
Compró
suerte en Doña Manolita
y al pasar por la Cibeles,
quiso sacarla a bailar un vals
como dos enamorados
y dormirse acurrucados
a la sombra de un león.
"¿Qué tal?
Estoy sola y sin marido.
Gracias por haber venido
a abrigarme el corazón."
Ayer,
a la hora de la cena,
descubrieron que faltaba
el interno 16.
Tal vez
disfrazado de enfermero
se escapó de Ciempozuelos
con su capirote de papel.
A su estatua preferida
un anillo de pedida
le robó en El Corte Inglés.
Con él
en el dedo, al día siguiente,
vi a la novia del agente
que lo vino a detener.
Cayó
como un pájaro del árbol
cuando sus labios de mármol
le obligaron a soltar.
Quedó
un taxista que pasaba
mudo al ver cómo empezaba
la Cibeles a llorar
y chocó contra el Banco Central.
¡Hay que joderse con los escritores! -Se rió abiertamente-. Así que lo que andaba buscando era un héroe. Y ese héroe soy yo, ¿no? ¡Hay que joderse! ¿Pero no habíamos quedado en que era usted pacifista? ¿Pues sabe una cosa? En la paz no hay héroes, salvo quizás aquel indio bajito que siempre andaba por ahí medio en pelotas... Y ni siquiera él era un héroe, o sólo lo fue cuando lo mataron. Los héroes sólo son héroes cuando se mueren o los matan. Y los héroes de verdad nacen en la guerra o mueren en la guerra. No hay héroes vivos, joven. Todos están muertos. Muertos, muertos, muertos ...
Javier Cercas, Soldados de Salamina

Muy buena, Amparo, no la había visto ... jajaaa
Nadie es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo del continente, una parte de la tierra; si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia; la muerte de cualquier hombre me disminuye, porque estoy ligado a la humanidad; y por consiguiente, nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas; doblan por ti.
John Donne
Pero Lenina estaba llorando.
—Es horrible, es horrible —repetía una y otra vez—. ¿Cómo puedes hablar así? ¿Cómo puedes decir que no quieres ser una parte del cuerpo social? Al fin y al cabo, todo el mundo trabaja para todo el mundo. No podemos prescindir de nadie. Hasta los Epsilones...
—Sí, ya lo sé —dijo Bernard, burlonamente—. Hasta los Epsilones son útiles. Y yo también. ¡Ojalá no lo fuera!
Lenina se escandalizó ante aquella exclamación blasfema.
—¡Bernard! —protestó, dolida y asombrada—.¿Cómo puedes decir esto?
—¿Cómo puedo decirlo? —repitió Bernard en otro tono, meditabundo—. No, el verdadero problema es: ¿Por qué no puedo decirlo? O, mejor aún, puesto que, en realidad, sé perfectamente por qué, ¿qué sensación experimentaría si pudiera, si fuese libre, si no me hallara esclavizado por mi condicionamiento?
—Pero, Bernard, dices unas cosas horribles.
—¿Es que tú no deseas ser libre, Lenina?
—No sé qué quieres decir. Yo soy libre. Libre de divertirme cuanto quiera. Hoy día todo el mundo es feliz.
Bernard rió.
—Sí, hoy día todo el mundo es feliz. Eso es lo que ya les decimos a los niños a los cinco años. Pero ¿no te gustaría tener la libertad de ser feliz... de otra manera? A tu modo, por ejemplo; no a la manera de todos.
—No comprendo lo que quieres decir —repitió Lenina. Después, volviéndose hacia él, imploró—: ¡Oh!, volvamos ya, Bernard. No me gusta nada todo esto.
—¿No te gusta estar conmigo?
—Claro que sí, Bernard. Pero este lugar es horrible ...
Aldous Huxley, Un mundo feliz
- Me resta poco que deciros. Simplemente insisto: recordad siempre vuestro deber de enemistad hacia el Hombre y su manera de ser. Todo lo que camine sobre dos pies es un enemigo. Lo que camine sobre cuatro patas o tenga alas, es un amigo. Y recordad también que en la lucha contra el Hombre, no debemos llegar a parecemos a él. Aun cuando lo hayáis vencido, no adoptéis sus vicios. Ningún animal debe vivir en una casa, dormir en una cama, vestir ropas, beber alcohol, fumar tabaco, recibir dinero ni ocuparse del comercio. Todas las costumbres del Hombre son malas. Y, sobre todas las cosas, ningún animal debe tiranizar a sus semejantes. Débil o fuerte, listo o ingenuo, somos todos hermanos. Ningún animal debe matar a otro animal. Todos los animales son iguales.
George Orwell, Rebelión en la granja
.. De los diversos instrumentos del hombre, el más asombroso es, sin duda, el libro. Los demás son extensiones de su cuerpo. El microscopio, el telescopio, son extensiones de su vista; el teléfono es extensión de la voz; luego tenemos el arado y la espada, extensiones de su brazo. Pero el libro es otra cosa: el libro es una extensión de la memoria y de la imaginación.
En César y Cleopatra de Shaw, cuando se habla de la biblioteca de Alejandría se dice que es la memoria de la humanidad. Eso es el libro y es algo más también, la imaginación. Porque, ¿qué es nuestro pasado sino una serie de sueños? ¿Qué diferencia puede haber entre recordar sueños y recordar el pasado? Esa es la función que realiza el libro ...
Jorge Luis Borges.
Si quieres mearte en esta web, lo tienes fácil:
http://www.netdisaster.com/go.php?mode=pee&url=http://extremahora.blogdiario.com/
Y si quieres mearte en cualquier otra:
1) Pon la dirección web en el recuadro TARGET.
2) Elige la forma de destrucción (en este caso, PEE).
3) Selecciona AUTO (automática) o MOUSE (manual).
4) Pincha en GO.
Por gentileza de www.netdisaster.com
Un día las hormigas, pueblo progresista, inventan el vegetal artificial. Es una papilla fría y con sabor a hojalata. Pero al menos las releva de la necesidad de salir fuera de los hormigueros en procura de vegetales naturales. Así se salvan del fuego, del veneno, de las nubes insecticidas. Como el número de las hormigas es una cifra que tiende constantemente a crecer, al cabo de un tiempo hay tantas hormigas bajo tierra que es preciso ampliar los hormigueros. Las galerías se expanden, se entrecruzan, terminan por confundirse en un solo Gran Hormiguero bajo la dirección de una sola Gran Hormiga. Por las dudas, las salidas al exterior son tapiadas a cal y canto. Se suceden las generaciones. Como nunca han franqueado los límites del Gran Hormiguero, incurren en el error de lógica de identificarlo con el Gran Universo. Pero cierta vez una hormiga se extravía por unos corredores en ruinas, distingue una luz lejana, unos destellos, se aproxima y descubre una boca de salida cuya clausura se ha desmoronado. Con el corazón palpitante, la hormiga sale a la superficie de la tierra. Ve una mañana. Ve un jardín. Ve tallos, hojas, yemas, brotes, pétalos, estambres, rocío. Ve una rosa amarilla. Todos sus instintos despiertan bruscamente. Se abalanza sobre las plantas y empieza a talar, a cortar y a comer. Se da un atracón. Después, relamiéndose, decide volver al Gran Hormiguero con la noticia. Busca a sus hermanas, trata de explicarles lo que ha visto, grita: "Arriba...luz...jardín...hojas...verde...flores..." Las demás hormigas no comprenden una sola palabra de aquel lenguaje delirante, creen que la hormiga ha enloquecido y la matan.
Cuando hablen de la patria
no me hablen del honor,
no me cuenten batallas
ganadas cara al sol.
Tal vez si me contaran
que no importa el color
ni el sexo, ni la raza
o el bando en que luchó.
Cuando hablen de la patria
no me hablen del valor
no jueguen con el sable
ni tachen de traidor
al que la lleva dentro,
pegada al corazón,
y no anda por la calle
con ella en procesión.
Cuando hablen de la patria
no olviden que es mejor
sentirla a nuestro lado
que ser su salvador.
Por repetir su nombre
no te armas de razón,
aquí cabemos todos
o no cabe ni Dios.
Víctor Manuel - Esto no es una canción
No quiero convencer a nadie de nada. Tratar de convencer a otra persona es indecoroso, es atentar contra su libertad de pensar o creer o de hacer lo que le dé la gana. Yo quiero sólo enseñar, dar a conocer, mostrar, no demostrar. Que cada uno llegue a la verdad por sus propios pasos, y que nadie le llame equivocado o limitado. (¿Quién es quién para decir "esto es así", si la historia de la humanidad no es más que una historia de contradicciones y de tanteos y de búsquedas?) Si a alguien he de convencer algún día, ese alguien ha de ser yo mismo. Convencerme de que no vale la pena llorar, ni afligirse, ni pensar en la muerte. "La vejez, la enfermedad y la muerte", de Buda, no son más que la muerte, y la muerte es inevitable. Tan inevitable como el nacimiento. Lo bueno es vivir del mejor modo posible. Peleando, lastimando, acariciando, soñando. (¡Pero siempre se vive del mejor modo posible!) Mientras yo no pueda respirar bajo el agua, o volar (pero de verdad volar, yo solo, con mis brazos), tendrá que gustarme caminar sobre la tierra, y ser hombre, no pez ni ave. No tengo ningún deseo que me digan que la luna es diferente a mis sueños.
¡Cómicos!
Duermen vestidos,
viven desnudos,
beben la vida a tragos.
Son adorados,
son calumniados
como dioses de barro.
¡Quién le ha visto
y quién le ve!
Discutía en el café
la interminable cuestión
de si son o si no son.
Juntos deciden votar,
hay que pasar a la acción:
"Por general decisión
se suspende la función".
¡Cómicos! ....
Después de tanto silencio
representan su papel:
llenos de polvo los pies,
han puesto precio a su piel.
Codo con codo se hará
la cultura popular:
aunque les cubran de sal
la semilla crecerá.
¡Cómicos! ...
De nada vale el camino
que nos marcaron ayer;
cuando no se tiene nada
ya no hay nada que perder.
Nadie le va a regalar
lo que no consiga él.
Vale más morir de pie
que ser el bufón de un rey.
¡Cómicos! ...
Víctor Manuel
Mi abuela tenía una teoría muy interesante; decía que todos nacemos con una caja de fósforos adentro, pero que no podemos encenderlos solos... necesitamos la ayuda del oxígeno y una vela. En este caso el oxígeno, por ejemplo, vendría del aliento de la persona que amamos; la vela podría ser cualquier tipo de comida, música, caricia, palabra o sonido que engendre la explosión que encenderá uno de los fósforos. Por un momento, nos deslumbra una emoción intensa. Una tibieza placentera crece dentro de nosotros, desvaneciéndose a medida que pasa el tiempo, hasta que llega una nueva explosión a revivirla. Cada persona tiene que descubrir qué disparará esas explosiones para poder vivir, puesto que la combustión que ocurre cuando uno de los fósforos se enciende es lo que nutre al alma. Ese fuego, en resumen, es su alimento. Si uno no averigua a tiempo qué cosa inicia esas explosiones, la caja de fósforos se humedece y ni uno solo de los fósforos se encenderá nunca.
Laura Esquivel
Un Congreso de la Lengua, es más que todo, para plantearse preguntas. Yo como casi siempre hablo desde el desconocimiento, me pregunto por qué son malas las malas palabras, quién las define como tal. ¿Quién y por qué?, ¿quién dice qué tienen las malas palabras?, ¿o es que acaso les pegan las malas palabras a las buenas?, ¿son malas porque son de mala calidad?, o sea que ¿cuando uno las pronuncia se deterioran? o ¿cuando uno las utiliza, tienen actitudes reñidas con la moral?
Obviamente, no se quién las define como malas palabras, tal vez sean como esos villanos de viejas películas como las que nosotros veíamos, que en un principio eran buenos, pero que al final la sociedad los hizo malos. Tal vez nosotros al marginarlas, las hemos derivado en palabras malas, lo que yo pienso es que brindan otros matices muchas de ellas. [...] Otra cosa, hay una palabra maravillosa que en otros países está exenta de culpa —esa es otra particularidad, porque todos los países tienen malas palabras pero se ve que las leyes de algunos países protegen y en otros no—, hay una palabra maravillosa, decía, que es carajo. [...] tengo entendido que el carajo era el lugar donde se colocaba el vigía, en lo alto de los mástiles de los barcos para divisar tierra o lo que fuere, entonces mandar a una persona al carajo era estrictamente eso, mandarlo ahí arriba. [..] Voy cerrando, después de este aporte medular que he hecho al lenguaje y al Congreso, lo que yo pido es que atendamos a esta condición terapéutica de las malas palabras. Mi psicoanalista dice que es imprescindible para descargarse, para dejar de lado el estrés y todo ese tipo de cosas. Lo único que yo pediría (no quiero hacer una teoría) es reconsiderar la situación de estas palabras. Pido una amnistía para la mayoría de ellas. Vivamos una navidad sin malas palabras e integrémoslas al lenguaje, que las vamos a necesitar.
Sí, veremos a Dolores - Ana Belén
Sí, veremos a Dolores caminar
las calles de Madrid.
¿Quién te puede negar?
Si el tiempo transcurrido confirmó
que esto no a daba más,
y que era inevitable
la reconciliación.
Se gastan las palabras
golpeando contra el muro,
pero ahí están las tuyas
cargadas de futuro.
Sí, veremos a Dolores caminar …
¿Quién te puede negar?
No hay tregua en el combate por la paz.
Desde el 56
tendimos nuestra mano
a todos los demás.
Bandera infatigable
del hombre acorralado,
de un pueblo que no quiere
vivir amordazado.
Sí, veremos a Dolores caminar …
¿Quién nos puede negar?
¿Por qué nos regatean respirar?
Quién se atreve a explicar
que sea un beneficio
la clandestinidad.
Para otros los laureles,
la regalada historia,
que el único camino
nos lleve a la victoria.
Sí, veremos a Dolores caminar …

Hoy no escribo en versos. Me quito el disfraz de poeta con que suelo enmascararme y solo escribo, deseando fervientemente que en el otro extremo del monitor que tengo frente, tu mirada acaricie mis letras y descifre lo que mis dedos van derramando en el teclado. Quizás no creas en principio que lo que escribo es para ti. Quizás lo leas como algo más que escribió alguna soledad en el correo de sus lamentos, como hacen otros tantos. Quizás como lo haces tu misma. Sólo quizás. Pero tengo fe ciega en que, si eres tú la que espero, lo que escribiré desatará dentro de ti las ondas cristalinas del estanque de tu alma, como quiebran la quietud del agua las hojas que caen al río. Y cuando suceda, y sepas que eres tú, entonces lo que escribo tendrá destino. Sabrás que es cierto y sabrás también perfectamente a qué me refiero cuando hablo de lo que hay en mí, porque hablamos de lo mismo. Porque nos late por dentro y por fuera. Es sólo que mi conciencia de ti ya ha despertado y ahora busco desesperadamente el despertar de la tuya.
Te sueño hace tiempo. No sé si te creé de mi fantasía o de un deseo. Pero desde la primera vez que te soñé, me aferré a ti para siempre. Cómo es posible? No lo sé aún. Ni yo mismo puedo explicarlo. Pero, sabes? Ya dejé de pedir respuestas. Ahora solo espero por ti y todo lo tuyo.
No te imagino claramente, lo confieso. No tengo detalles de cómo puedas ser. No tengo ni la menor idea de cómo vendría vestida tu alma. Pero por dentro te conozco. Cuánto te conozco! Te conozco más que a mi mismo. He conversado tanto contigo, con tu sombra, que podría reconocer tu susurro, tu respiración y tu aliento aunque nunca te he visto. Te sé tanto que, estoy seguro, sabré reconocer tu pulso y el ritmo de tus latidos aunque no contara con mis sentidos.
No sé como podría explicarte lo que siento. Sólo sé que cuando pienso en ti sonrío inevitablemente y una brisa helada recorre mi ser como si una presencia etérea se apoderara de mi. A veces miro a mi alrededor esperando encontrarte, segura de que si estás, sabría quien eres tú. Y otras veces pienso que es humanamente imposible tener esa certeza y me sorprendo a mi mismo vagando entre la mirada de caras desconocidas, gritando tu nombre sin saberlo, esperando que en el eco de mis propias voces, me respondas: Aquí estoy!
Sé que respiras profundo y pausado. Se que quisieras encontrarte en estas líneas. Correr más rápido tras el tropel de mis letras, alcanzar tu propio nombre aquí y cerciorarte de que eres tú misma. Sonríes. Te gusta más tu verdad en palabras ajenas. Y yo me voy enamorando cada día más de esa sonrisa que no he visto nunca en piel alguna, esperanzada en que algún día, algunos labios me mostrarán cómo es, en realidad, esa sonrisa en tu boca.
Te brillan los ojos y comienzas a sentir el deseo incontenible de hacer realidad lo que sientes al leerme, porque lo necesitas tanto como yo. Porque quizás te sobra todo, pero te falta lo que yo tengo como un estigma de ti. El secreto que me dejaste en la almohada, el que me cantaste en voz muy baja para no despertarme, pero que yo encontré en la mañana, impregnado del rocío de tu aroma. Tu secreto que es mi vida y que atesoro tanto. El secreto con que te escribo ahora.
Siento un nudo en la garganta de sólo pensar que me lees y que no sé dónde estás. La desesperación me alebresta el alma por correr hasta ti y refugiarme en tus brazos sin más palabras. Sabes que me muero por arrullarme con tu silencio y protegerme del mundo acurrucado en la calidez de tu cuerpo, oculto en la ternura de tu aroma y absorta en la melodía de tu voz. Y lo que más me atormenta, es que en lo profundo de mi cordura, de mi realidad y mi consciencia yo sé que existes. Que estás en algún lado buscándome como yo vivo dando vueltas en este laberinto persiguiendo las huellas que imagino tuyas y los despojos que la vida me va regalando de lo que tu sientes.
En un abismo de sentimientos sin respuestas encuentro serenidad sólo cuando dejo ir mi alma convertida en letras a tu vida, pensando, como ahora, que sabrás que es para ti que escribo. Entonces me invade la misma paz que me regala soñarte, despierto o dormido. Tu silueta deja de ser sombra para hacerme compañía y el mundo entonces se hace más llevadero. Saber que estás al otro extremo de este monitor y que mis palabras encontrarán un alma para hacer eco, que se me devolverá en la esperanza de que seas tú y de que me sientas. Que sepas que estoy aquí, que existo y que yo sé que estés allá, que podré alcanzarte algún día.
Queda en mi, mientras tanto esta ansiedad de encontrarte De mirarte a los ojos de carne para saber de qué color son. De salir del espejo en el que te miras cada mañana y que sepas que soy yo, quien te recita poesías en las noches para que no te sientas sola y te espanta los fantasmas que quieren asustarte. Dejar de ser una angustia y convertirme en un remanso donde descanses cada noche aunque no duermas conmigo. Dejar de ser un sueño, una fantasía, un deseo y convertirme en lo que anhelas.
Mi más grande temor es que no sea yo quien esperas tú, porque ya no me quedan más que un par de manos desvencijadas que sólo saben acariciar y escribir. Unos labios desteñidos y añejos que solo saben susurrar recitando la lluvia y besar tarareando el silencio. Sólo me queda una piel desgastada que aguarda pacientemente para cuidarte del frío y mis ojos, con un par de miradas reservadas para reconocerte y para adorarte el resto de lo que me quede cuando te encuentre.
No tengo nada que ofrecerte, pero quería que supieras, que allí donde estás estoy yo. En el lado oscuro de tu corazón cuidándote los sueños. Arrullándote con cantar de grillos cuando oscurece para que duermas y así colarme en tus sueños a robarte un poquito de lo que necesito para seguir adelante.
Sólo quería que supieras, que sí, que escribo para ti y que deseo con todo mi corazón que lo sepas, que lo sientas y que me des la oportunidad de saber que no estoy equivocado. Que sí existes y que quizás algún día puedas acercarte a recoger lo que te he guardado en mi alma.
Quería que supieras de mi amor por ti y lo que sé de tu vida. Y que si algún día sientes que puedo tener de ti aunque sea solo un suspiro, moriré feliz de tenerlo, porque viví para recibirlo.
Desde lo más profundo de mí te escribo para amarte un poco mientras apareces.
Visens.
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je je
Roberto Benigni
Quiero hacer un breve paréntesis en relación a la economía divina. Nuestro señor, creo, podía habernos ayudado desde el principio. Yo creo en él, porque nunca se sabe. Total si existe, existe, y si no existe, no jode. Pero si existe, digo: somos cinco mil millones de personas, ¡y con todos los planetas que hay tenía que meternos a todos en éste! Es como si un padre tuviera veinte hijos y un edificio de cincuenta pisos y decidiera encerrarlos a todos en el garage. ¿De qué estamos hablando? Nos tendría que haber ubicado un poco mejor.
Pero no, nuestro señor es un capitalista, y todos estos planetas son un abuso. Pura especulación planetaria. De hecho, cuando Galileo los descubrió, el Papa lo hizo arrestar enseguida. Lo hizo pasar por idiota y le dijo: "¿Cómo es ése asunto de que la Tierra gira?". Galileo dijo: "Es la Tierra la que gira alrededor del Sol, y no como dicen ustedes". Entonces el Papa dijo: "¿Pero éste es idiota? ¿Han visto alguna vez una casa girar alrededor de la estufa?".
Naturalmente, además de crear a los hombres, Dios ha construido a los animales, los vegetales y los minerales: un quilombo tan grande que ya no se entiende nada. Pero cuando los hombres se enojan, viene el diluvio universal. Después, Noé tiene tres hijos: Sem, Cam y Jafet. Los tres son hombres y dan lugar a las distintas razas. Al rato, Dios lo llama a Moisés y le dice cuáles son las cosas que se pueden hacer y cuáles las no.
Las cosas que se deben hacer son los diez mandamientos; las que no se deben hacer son los siete pecados capitales. Ahora bien, yo estudie bien esos siete pecados capitales y son las cosas más abominables del mundo. Y Dios las hace todas. La soberbia, por ejemplo: si hay alguien soberbio, ése es Él, el ser perfectísimo, poderosísimo, presentísimo. "Comparado conmigo", dice, "Nembo Kid es un imbécil y a Buda lo saco de taquito". Hace falta un poco más de humildad. El mismo nombre Dios. Si hubiese elegido un nombre más humilde. Si hubiese dicho: "Soy Guido, no habrá otro Guido más que yo". O si no: "Ayúdense entre ustedes, que Guido los ayuda a todos". O "llueve porque Guido quiere". Si fuese más humilde sería más simpático.
La ira: no hay nadie que se enoje más que él. ¿Adán y Eva arrancaron una manzana? Madre mía, se enojó como un loco. "¡Fuera! ¡Tu trabajarás con el sudor de tu frente! ¡Tú parirás con dolor! ¡Fuera!". Una manzana yo me la pago, no hay porque enojarse de esa manera. Está bien, incluso admito que uno se puede enojar por una manzana, pero después se le pasa. ¡Ah! No, a Él no se le pasó. Van dos millones de años y nos seguimos bautizando por culpa de esa manzana.
La lujuria: no quiero entrar en asuntos privados, pero somos todos hijos suyos, ¿o no? Somos cinco mil millones de personas, ¿o no?
La avaricia: no hay nadie más avaro que Él. Al pueblo elegido -los judíos- les prometió un pedazo de tierra hace dos millones de años. "Si, aquella tierra se la prometí, pero nunca dije que se la iba a dar". ¿O sí?
Los diez mandamientos. Ésa sí que era una buena idea. Sólo que los hizo a favor del rico. Convengamos que es más fácil ir al infierno para los pobres que para los ricos. Por ejemplo, a Agnelli, el dueño de la Fiat, con todo el dinero que le han dejado, le dicen: "Honra al padre y a la madre" ¿Y que va a decir? "Gracias madre, gracias padre. Cuando mueran, lo agarro todo yo".
O no desear las cosas de los demás. También es algo muy fácil para Agnelli, porque si todo es suyo ¿qué va a desear?
En suma: nuestro señor debería ocuparse un poco más de los problemas del proletariado. Porque nuestro creador consiguió que nos insertáramos en el mundo moderno de manera homogénea. Él podría conseguir enseguida que estuviéramos mejor. Tomemos los inventos, por ejemplo. ¿Por qué no nos hizo descubrir enseguida la calefacción, evitando que mil millones de personas murieran de frío en el pasado? ¿No podía? Creó a Adán, tomó una costilla suya e hizo a Eva. O sea, que bien podía agarrar, no sé, una oreja de Eva y hacer una estufa. Así quedaban los hombres con una costilla menos y las mujeres sin una oreja, y aunque hubiese hecho falta gritar un poco, habríamos estado un poco mejor, ¿no?
Durante siglos se comió carne cruda y hubo miles de virus. ¿No podía ayudarnos a descubrir antes la penicilina y los antibióticos? No, prefirió esconderlos en los hongos. Y eso es tener una mentalidad de revista de crucigramas.
¿A quién se le ocurre ir a buscar los antibióticos en los hongos? Hay gente que los buscó durante toda su vida y no los pudo encontrar.
Es como si yo les escondiera el jabón a mis hijos: van a lavarse, no lo encuentran, entonces se agarran tifus y cólera, y se mueren. Al final, para divertirme, les digo: "¿Saben dónde había metido el jabón? Debajo de la toalla, ja, ja, ja". Pero ellos ya están muertos. Entonces, ¿qué nos quiere decir con eso? Nos quiere decir: "Soy Dios y me cago en ustedes".
He andado muchos caminos,
he abierto muchas veredas;
he navegado en cien mares,
y atracado en cien riberas.
En todas partes he visto
caravanas de tristeza,
soberbios y melancólicos
borrachos de sombra negra,
y pedantones al paño
que miran, callan, y piensan
que saben, porque no beben
el vino de las tabernas.
Mala gente que camina
y va apestando la tierra...
Y en todas partes he visto
gentes que danzan o juegan,
cuando pueden, y laboran
sus cuatro palmos de tierra.
Nunca, si llegan a un sitio,
preguntan a dónde llegan.
Cuando caminan, cabalgan
a lomos de mula vieja,
y no conocen la prisa
ni aun en los días de fiesta.
Donde hay vino, beben vino;
donde no hay vino, agua fresca.
Son buenas gentes que viven,
laboran, pasan y sueñan,
y en un día como tantos,
descansan bajo la tierra.
http://www.poesia-inter.net/Libre te quiero,
como arroyo que brinca
de peña en peña.
Pero no mía.
Grande te quiero,
como monte preñado
de primavera.
Pero no mía.
Buena te quiero,
como pan que no sabe
su masa buena.
Pero no mía.
Alta te quiero,
como chopo que al cielo
se despereza.
Pero no mía.
Blanca te quiero,
como flor de azahares
sobre la tierra.
Pero no mía.
Pero no mía
ni de Dios ni de nadie
ni tuya siquiera.
Agustín García Calvo
Yo no te pido que me bajes
una estrella azul,
sólo te pido que mi espacio
llenes con tu luz.
Yo no te pido que me firmes
diez papeles grises para amar,
sólo te pido que tú quieras
las palomas que suelo mirar.
De lo pasado no lo voy a negar,
el futuro algún día llegará
y del presente
qué le importa a la gente,
si es que siempre van a hablar.
Sigue llenando este minuto
de razones para respirar,
no me complazcas, no te niegues,
no hables por hablar.
Yo no te pido que me bajes
una estrella azul
sólo te pido que mi espacio
llenes con tu luz.
Pablo Milanés
6 de Julio, en la mañana.
Mi ángel, mi todo, mi mismo yo, sólo unas pocas palabras hoy y, en efecto, con lápiz (con el tuyo). Mañana ya se va a decidir definitivamente sobre mis alojamientos, ¡qué inútil perdida de tiempo! ¿Por qué este profundo dolor cuando habla la necesidad?¿Puede nuestro amor existir sino a través del sacrificio de no pedir todo del otro? ¿Puedes cambiar el hecho de que tú no seas completamente mía, yo no completamente tuyo? Oh, Dios, mira la hermosa naturaleza y consuela tu alma.
Acerca de lo que debe ser el amor, lo pide todo y completamente, y con razón. Así es para mí contigo, para ti conmigo, sólo que olvidas tan fácilmente, que yo debo vivir para mí y para ti. Si estuviéramos completamente unidos, tú sentirías este dolor tan poco como yo.
Mi viaje fue aterrador. Llegué aquí recién a las 4 de ayer a la mañana. Como faltaban caballos, el cochero eligió otra ruta, pero ¡qué horrible camino!. En la penúltima posta me advirtieron acerca de viajar de noche, tratando de asustarme de un bosque, pero me pareció sólo un desafío, y estaba equivocado. El carruaje tenía que romperse en tan terrible ruta, una ruta de lodo sin fondo, y sin postillones como tenía, hubiera quedado atascado en el camino. Esterhazy, en la otra ruta de costumbre, tuvo la misma suerte con ocho caballos que yo con cuatro. De todos modos tuve alguna satisfacción, como siempre que tengo la fortuna de superar algo con éxito. Ahora voy rápidamente hacia el interior desde el exterior.
Nosotros probablemente nos veremos pronto. Hoy todavía no puedo transmitirte los pensamientos que tuve durante estos pocos días acerca de mi vida. Si estuvieran nuestros corazones siempre juntos y unidos, yo, por supuesto, no tendría nada que decir. Mi corazón esta lleno de tanto para decirte ... oh, hay todavía momentos en que encuentro que la palabra no es nada en absoluto.
Alégrate, permanece, mi fiel y único tesoro, mi todo, como yo para ti. El resto los dioses deben comunicarnos lo que deba ser para nosotros.
Tu fiel Ludwig.
…
Lunes a la tarde, el 6 de Julio.
Estás sufriendo, mi queridísima criatura, recién ahora me doy cuenta de que las cartas deben ser despachadas muy temprano en la mañana.
Lunes, jueves, los únicos días en los cuales el correo va de aquí hasta K. estas sufriendo. Oh, donde sea que estoy, tú estás conmigo. Me digo a mí y a ti, arregla para que pueda vivir contigo. ¡Qué vida! Cómo es ahora, sin ti, perseguido por la amabilidad de la gente, aquí y allí, que ni quiero merecer ni merezco. La humildad del hombre hacia el hombre me lastima y cuando me veo a mí mismo en el marco del universo, ¿qué soy yo y qué es Él, a Quien uno llama el Mas Grande? Y aun así, aquí está otra vez la chispa divina en el hombre.
Lloro cuando pienso que probablemente no recibas las primeras noticias de mí hasta el sábado. Por mucho que tú me ames, yo te amo incluso más profundamente, pero nunca te escondas de mí.
Buenas noches, como estoy tomando los baños debo irme a dormir.
¡Tan cerca, tan lejos! No es nuestro amor un verdadero edificio celestial, pero sí firme como el firmamento.
…
Buenos días, el 7 de Julio.
Mientras estoy aún en la cama, mis pensamientos se lanzan a sí mismos hacia ti, mi eternamente amada, a ratos alegres y luego otra vez tristes esperando al destino. Si éste nos otorgara una resolución favorable ... yo sólo puedo ya vivir totalmente contigo, o no viviré.
Si he resuelto vagar sin rumbo en la distancia hasta que pueda volar a tus brazos y pueda considerarme enteramente en casa, contigo, y pueda enviar mi alma abrazada por ti al reino del espíritu, si desafortunadamente así debe ser, tú debes dominarte más al conocer mi fidelidad a ti, nunca podrá otra poseer mi corazón, nunca, nunca!
Oh, Dios, ¿por qué tener que separarse uno mismo de lo que uno ama tanto? Y así mi vida en Viena, como es ahora, es una vida miserable. Tu amor me hace el hombre más feliz y el más infeliz al mismo tiempo. A mi edad debería tener cierta estable regularidad en mi vida ... ¿puede eso existir en nuestra relación?
Ángel, ahora mismo escucho que el correo va todos los días y por lo tanto debo terminar, de modo que recibirás la carta inmediatamente. Permanece calma, solo a través de la tranquila contemplación de nuestra existencia podremos alcanzar nuestro objetivo de vivir juntos. Sé paciente, ámame.
Hoy, ayer, qué doloroso anhelo de ti, de ti, de ti … tú, tú mi amor, mi todo.
Adiós. Oh, continúa amándome, nunca juzgues mal el más fiel corazón de tu amado
Ludwig, siempre tuyo, siempre mía, siempre nuestro.
Texto extraído de la web www.lvbeethoven.com
Un poema, una poesía
no es sólo un puñao de versos
que puean contar cosas nuevas
o rescatal-las der tiempo.
Si por poco que se escriba
se jace sin ningún mieo,
si acierta a desentrañar
nuestro jondón más sincero,
si al leel-lo otras presonas
quitamos las tapaeras
de sus buenos sentimientos,
pa’ que brillen en sus ojos
una lágrima, una risa
o argún juerte deseo,
vale más que cien mil veces
un millón de pensamientos
escondíos en er baúl
del vergonzoso silencio.
Al que se siente orgulloso
de haber nacío bajo el cielo
más azul que to’ los mares
que es el nuestro,
el extremeño,
va dedicao este libro
que termina asín,
gritando:
Que naide esconda sus versos
y arrebusque la manera
de contar sus ocurrencias
y sus jondos sentimientos.
Pa' que to' er mundo se entere
que aquí no tenemos mieo
de agarrá con mano firme
la jacha jecha de jierro
pa' rebaná la corteza
que encorcha nuestro silencio.
Pa' que en to' er mundo se escuchen
los poemas extremeños
que se fraguan en el alma
con el yunque de los sueños,
pa’ estrujá los corazones
con la juerza de sus versos.
Javier Feijoó
Aquí no tenemos mieo
... Hasta el Foro, ¿quién lo creerá?, es un cómplice del amor, cuya llama brota infinitas veces entre las lides clamorosas. En las cercanías del marmóreo templo consagrado a Venus, surge el raudal de la fuente Appia con dulcísimo murmullo, y allí mil veces se dejó prender el jurisconsulto en las amorosas redes, y no pudo evitar los peligros de que defendía a los demás; allí, con frecuencia, el orador elocuente pierde el don de la palabra: las nuevas impresiones le fuerzan a defender su propia causa. Y Venus, desde el templo vecino, se ríe del desdichado que siendo patrono poco ha, desea convertirse en cliente ...
Ovidio, Ars amatoria

Deep Purple
Sweet child in time you'll see the line
The line that's drawn between the good and the bad
See the blind man shooting at the world
Bullets flying taking toll
If you've been bad, Lord I bet you have
And you've been hit by flying lead
You'd better close your eyes and bow your head
And wait for the ricochet

Voy a hablar por boca de mi gente
expresando su desesperación.
¡Quiero cuentas de nuestra educación!
¿Alguno de ustedes destruyó nuestra ilusión?
He vivido la tristeza de mi generación,
cuentos de ayer y de hoy.
Siempre aprendiendo la misma lección,
fue nuestra cultura quien nos hizo traición.
Hemos inventado la comunicación,
hemos desechado la prostitución,
no nos interesan los imperios,
y hemos practicado el amor.
Vamos a parar la burda evolución,
el regreso a los bosques es la solución
No queremos máquinas de competición,
tenemos el caballo, no existe el reloj.
Queremos ver limpia la Tierra,
no la tapeis con alquitrán y hormigón.
Fuera guerra inútiles,
guardad vuestras armas para otra ocasión
Queremos vivir en praderas,
y ver la puesta de sol.
Hacer nuestra casa en un árbol,
plantar muchas flores con nuestra canción.
Fuera guerras inútiles,
Guardad vuestras armas para otra ocasión.
Ñu, 1978
Si tú tienes una manzana y yo tengo otra manzana, e intercambiamos manzanas, entonces tanto tú como yo seguimos teniendo una manzana, pero si tú tienes una idea y yo tengo otra idea e intercambiamos ideas, entonces tanto tú como yo tendremos dos ideas.
George Bernard Shaw
Hay sucesos que, inevitablemente, son el detonante de situaciones posteriores. Lo fue el ataque japonés a Pearl Harbour en 1941, que provocó la entrada de los EE.UU. en la II Guerra Mundial, y también lo fueron los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki, que precipitaron la rendición nipona (capitulación del 2 de Setiembre de 1945). Sirvan estas breves observaciones para situar en el tiempo el presente relato.
La camilla con ruedas presidía el centro de la inmensa sala. Cuatro enormes focos estratégicamente prendidos del techo, alumbraban al paciente. Una inmaculada sábana cubría parcialmente el cuerpo de Johnny, o lo que quedaba de él. Aquel despojo humano se esforzaba por entender la situación. Su ser mutilado, huérfano de extremidades, intentaba en vano iniciar algún movimiento. Deslumbrado por los focos, más que ver, adivinó a una serie de personas que le observaban meticulosamente a su alrededor, intercambiando opiniones entre ellos. Cuando sus ojos se habituaron a la cegadora luz, comenzó a distinguir tan variopinta compañía: médicos con impecables batas blancas; cirujanos con el clásico atuendo verde; enfermeras cuyos diminutos batines apenas cubrían sus interminables piernas; militares de alta graduación, ásperos y secos; un capellán castrense (delatado por el alzacuellos) y algún individuo más que su ángulo de visión y su incapacidad de movimiento le impedían distinguir.
Johnny todavía no era plenamente consciente de su situación, pero un negro presagio se fue apoderando de él. Intentó nuevamente estirar una pierna pero las órdenes emitidas por su cerebro no obtuvieron respuesta. Hizo lo propio con la otra y el resultado fue el mismo. Horrorizado, comprobó con la vista que el montículo que formaba su cuerpo se convertía en llanura al llegar a la altura de lo que suponía las caderas. Quiso gritar pero no pudo, tan solo un sonido gutural e ininteligible salió del oscuro agujero que un día fue perfecta boca. Su desazón fue en aumento. Un líquido viscoso y tibio empezó a descender por el mapa-mundi de su cara. La rosácea cortina le enturbió la visión. Instintivamente intentó frotarse los ojos pero descubrió con pavor que también le faltaban los brazos. Su zozobra era tan evidente que, a pesar de su inmovilidad, fue advertida por los galenos que se apresuraron a inyectarle morfina. Uno de los médicos le preguntó si le oía. Johnny intentaba decirle que si pero no podía contestar. El doctor volvió a insistir nuevamente, inclinándose sobre la camilla y alzando el tono de voz. Sus palabras atravesaron los restos del pabellón auditivo del paciente y se clavaron en sus tímpanos como punzones al rojo vivo. El dolor fue tan intenso que estuvo a punto de perder el conocimiento. Tuvo suerte de que la droga suministrada empezó a hacer efecto y entró en un estado de sopor muy agradable. Sus remendados párpados pugnaban por permanecer abiertos y su pensamiento buscaba ansioso respuestas a un tropel de preguntas: ¿Cómo había llegado hasta allí? ¿Qué hacía toda esa gente a su alrededor? ¿Por qué le miraban como si fuese un monstruo? ¿Cuánto tiempo llevaba en esta situación? Cuando sus ojos se cerraron por completo, su alma abandonó temporalmente su cuerpo y remontó el vuelo en busca de su pasado.
Un aroma de natillas con canela le transportó a la cocina de su casa familiar. La vieja canción, tantas veces repetida en la radio de galena, le evocó la imagen de su madre: bondadosa, alegre, protectora.
Un gusto a regaliz le embarcó en nuevas aventuras con los amigos de la infancia, aficionados a los novillos y competidores en travesuras, crueles algunas, inocentes y cándidas la mayoría.
El roce áspero del petate sobre la espalda y el caqui del uniforme, le condujeron a la fila de reclutamiento para cumplir el voluntariado militar. De esta etapa de su vida lo único que le quedaba era el recuerdo de buenos camaradas con los que compartió imaginarias, chusco y raciones de bromuro.
Alegres pajarillos de melodiosos trinos en frenético vuelo; flores de mil colores con sus brazos extendidos al cielo; un sol radiante y madrugador que provocaba chispas de plata en el cercano riachuelo. Todo ello componía una sinfonía de colores y sonidos anunciando solemne, cual ópera de Verdi, la llegada de la Primavera. En medio de tan incomparable marco y compitiendo en hermosura, Clara, su primer y único gran amor. Juntos despertaron sus sentidos a la vida, jugaron los juegos prohibidos, exploraron cada rincón de sus cuerpos, y sus dedos se perdieron en los pliegues de la piel.
La felicidad no dura eternamente y nuestros dirigentes y politicastros se encargan de recordárnoslo con demasiada frecuencia. El bombardeo de Peral Harbour había precipitado la entrada de los yankees en la contienda y la denominada Segunda Guerra Mundial pasaba a ser ahora todavía más mundial. La flor y nata de la juventud americana se había presentado a la llamada del tío Sam.
Las largas filas en espera de embarcarse hacia Europa parecían ocupadas por alegres colegiales que se iban de excursión. Un viejo escéptico y pesimista sólo veía mansos corderos en dirección al matadero. Johnny, en el muelle, se despedía de Clara. Se habían fundido en un fuerte abrazo y sus cuerpos permanecían pegados como imanes. Distinguía cada centímetro de su piel, esa piel tantas veces explorada en intensas noches de amor. Sus labios se fundieron en un mágico beso hasta que la sirena del barco anunciando la partida rompió el embrujo. Se separaron muy lentamente sin dejar de mirarse. Unas lagrimitas, diminutas como perlas, se deslizaron por las mejillas de ella. Un nudo en la garganta le impidió articular el último adiós a él.
La interminable travesía del Atlántico transcurrió entre gritos y cánticos de los jóvenes soldados, ebrios de patriotismo y de güisqui. Johnny, solitario en un rincón, no era partícipe de esa desbordada alegría. Parte de su alma y de su ser habían quedado atrás, anclados en el muelle. Algo en su interior le decía que ya nada volvería a ser como antes.
Una vez desembarcados en la vieja Europa y tras una intensa semana de instrucción militar, los jóvenes reclutas ya se encontraban en el frente. El primer día en la contienda fue el peor. La ilusión y el patriotismo inicial se esfumaron como por arte de magia. La tarea primordial de los novatos consistía ahora en dominar el miedo; impedir que el instinto básico de supervivencia les alejara de tan dantesco escenario en cobarde huída.
El resplandor de las bombas iluminaba parcialmente la noche a intervalos irregulares. Los oficiales vociferaban órdenes ininteligibles. Los gritos desesperados pidiendo ayuda se sucedían sin cesar. Los sanitarios, en frenética carrera, se afanaban en llegar a los heridos para auxiliarlos. El aire que se respiraba era nauseabundo. Un hedor mezcla de pólvora, azufre y carne quemada hacía insoportable la situación.
A veces, todo este maremagno de sensaciones visuales, sonoras y olfativas, se suspendían por un momento, como obedeciendo órdenes de un ser divino. Entonces, los soldados recelosos se incorporaban lentamente recuperando su verticalidad, respiraban aliviados y se sacudían mecánicamente el polvo de los uniformes. Pero esta paz era efímera, un espejismo en el desierto. Los cañones volvían a vomitar fuego por sus negras bocas con más virulencia si cabe. Parecía como si esos escasos minutos de descanso les hubieran renovado las energías. Volvían a rugir serios, masculinos, avasalladores. Y vuelta a empezar; a buscar cobijo al amparo de un árbol, de una roca o de un cadáver yerto, aún caliente.
Una sirena que sonaba como árbitro de fútbol señalando el final del primer tiempo del partido, era el inicio de una tregua parcial. Los sanitarios de ambos bandos, enarbolando banderas blancas y de la cruz roja, se apresuraban en retirar sus muertos y heridos del campo de batalla. Unas pocas horas para dormir (el que pudiera) o descansar y vuelta a empezar. Otra vez los disparos, los gritos, las bombas.
Johnny había aprendido a calcular la trayectoria de los obuses haciendo caso a su fino oído: “¡Tranquilos, éste cae lejos!”, decía o: “¡Agachad la cabeza, que éste nos despeina!”, se atrevía a bromear. Pero esta vez el canto de la bomba que se aproximaba no estaba en su catálogo de sonidos. Aunque agudizó sus oídos para precisar sus cálculos, ya era demasiado tarde. De inmediato comprendió que el amenazador obús no producía un silbido en el aire como los otros, era más bien un réquiem solemne.
Primero un regusto de sangre tibia recorrió su boca. Después resonaron en sus oídos globos hinchados estrujados con las manos. Más tarde se apagó la luz. Finalmente, el silencio absoluto.
Su alma viajera, volando con el viento y jugando con el tiempo, aterrizó ahora en la cruel realidad del maltrecho cuerpo de Johnny. De nuevo la luz cegadora, la fría y aséptica camilla y las voces de los doctores que seguían discutiendo entre ellos. Intentó llamar la atención para avisar, ya había recuperado la conciencia pero seguía sin poder hablar. Tuvo la suerte de que uno de los médicos castrenses, al sentir un leve ruidillo se girase y descubriese que Johnny tenía los ojos abiertos. Nuevamente todas las doctas miradas se dirigieron a él. Iniciaron una retahíla de preguntas sin obtener respuesta. La única señal de vida de ese cuerpo casi inerte era un parpadeo constante de sus ojos.
De repente, una decidida voz sonó en la sala: “¡Ya lo tengo!” Todas las miradas apuntaron ahora al que había pronunciado tan categórica frase. Era un hombrecillo menudo y de ojos inquietos, cuyo uniforme, perfectamente planchado, no lucía tantos galones como el resto de los militares. “¡Usted dirá!”, le espetó uno de los coroneles presentes. Nerviosamente y con voz insegura expuso a todos su idea. Explicó la posibilidad de que el paciente conociera el alfabeto Morse y con este sistema, traduciendo los signos con movimientos de los ojos, podrían llegar a entenderse. Después de unos instantes dubitativos, todos los presentes, de uno en uno, fueron asintiendo con sus cabezas. Finalmente, el coronel dijo: “¡Proceda!”
Obedeció de inmediato. Con delicadeza apoyó dos dedos sobre el vendaje que cubría la frente del paciente y con leves percusiones, utilizando el código Morse, intentó la comunicación. Los ojillos del militar brillaron de alegría al ver que su mensaje obtenía contestación. Durante quince minutos se estableció un fluido intercambio de preguntas y respuestas. Johny empezaba a verlo claro. El coronel que parecía estar al mando, impaciente, hizo traer cuaderno y bolígrafo para que le transcribieran la conversación. El experto en Morse obedeció, fue anotando toda la plática hasta que en un momento determinado se detuvo bruscamente y miró a Johnny a los ojos. “¡Continúe!” vociferó groseramente el coronel. La mano temblorosa del traductor escribió: "¡QUIERO MORIR, MÁTENME!" El coronel, visiblemente alterado, dirigiéndose al capellán castrense y con su habitual grosería le ordenó: “¡Haga algo, es su obligación!” El capellán, en un alarde de entereza le contestó: “Esto es un producto de su profesión, no de la mía.”
El dolor había desaparecido por completo, el olor a mercurio cromo también; la potente luz de los focos se había apagado y el silencio total se había apoderado de la sala definitivamente.
FERNANDO ORTIGOSA MORA
Palma de Mallorca, Junio 2005.
Pierre Jourde, el escritor linchado por sus personajes
Paolo Fava
- No deberías haber dicho que somos “una región de mierda”.
- No dije “una región de mierda”, dije “la región de la mierda”. Y esta mierda la amo, ya lo sabes.
Así empezó todo. Pierre Jourde volvía a su pueblo natal, Lussaud (Cantal, centro de Francia). El pueblo que había retratado en su novela Tierra perdida (2004), en donde relataba el amor irracional que siente por la patria chica de sus ancestros pero al mismo tiempo revelaba las miserias de su habitantes.
Las infidelidades, las traiciones, el alcoholismo, los hijos ilegítimos, la hipocresía. Las historias secretas que circulan entre murmullos, que todo el mundo conoce pero mantiene pudorosamente sepultas.
El libro no sentó bien en el pueblo. Jourde intentó explicarse y regresó en 2005 con su familia. Los vecinos le estaban esperando y le acorralaron contra la puerta de su garaje al bajar del coche. Le amenazaron e insultaron a él y a sus hijos, a quienes llamaron sucios negros por ser mestizos.
La cosa se puso fea y alguien sacó un bastón. La familia intentó huir y empezaron a volar piedras contra el coche. Una acertó en un cristal. El hijo menor de Jourde, de sólo 15 meses, sufrió cortes. El jucio por agresión e injurias racistas ha empezado esta semana. Jourde declaraba:
El peor de los estátus es ser de aquí y no de aquí.
En España tenemos un amplio vocabulario para definir estos fenómenos. Tenemos a mano las coletillas de la ‘España profunda’, la ‘España negra’, y el mito tan dado de sí de la matanza de Puerto Hurraco. Hay algo que nos fascina en estos estallidos de violencia endogámica: en vez de ser la celebración de la comunidad tipo ‘Fuenteovejuna’, es algo más oscuro y – nos da por pensar – primitivo, la obediencia a impulsos viscerales, a la ley de la tribu. Que nos dé por llamarlo primitivo no significa que sea simple, al contrario: nada más complejo que las relaciones que entretejen las comunidades cerradas.
La oscuridad de esta ‘Francia oscura’ no lo es tanto por su violencia (anecdótica en comparación a la que se vive en las ciudades) sino por lo inextricable que resulta. Cada caso de violencia rural es una pequeña tragedia con su concatenación de antiguas injurias, venganzas que se transmiten por la sangre, alianzas y enemigos atávicos. Como en el caso del iceberg, sólo vemos la punta. Jourde debía saber que, desvelando su pueblo, lo perdería para siempre.
http://www.papelenblanco.com
Led Zeppelin
There's a lady who's sure
All that glitters is gold
And she's buying a stairway to heaven.
When she gets there she knows
If the stores are all closed
With a word she can get what she came for.
Ooh, ooh, and she's buying a stairway to heaven.
...
Todos nosotros, felices e infelices, amantes y soñadores, soñamos algún exilio poético y vamos en busca de algún nido para amar o de algún refugio para morir.
George Sand
Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca
debes rogar que el viaje sea largo,
lleno de peripecias, lleno de experiencias.
No has de temer ni a los lestrigones ni a los cíclopes,
ni la cólera del airado Poseidón.
Nunca tales monstruos hallarás en tu ruta
si tu pensamiento es elevado, si una exquisita
emoción penetra en tu alma y en tu cuerpo.
Los lestrigones y los cíclopes
y el feroz Poseidón no podrán encontrarte
si tú no los llevas ya dentro, en tu alma,
si tu alma no los conjura ante ti.
Debes rogar que el viaje sea largo,
que sean muchos los días de verano;
que te vean arribar con gozo, alegremente,
a puertos que tú antes ignorabas.
Que puedas detenerte en los mercados de Fenicia,
y comprar unas bellas mercancías:
madreperlas, coral, ébano, y ámbar,
y perfumes placenteros de mil clases.
Acude a muchas ciudades del Egipto
para aprender, y aprender de quienes saben.
Conserva siempre en tu alma la idea de Ítaca:
llegar allí, he aquí tu destino.
Mas no hagas con prisas tu camino;
mejor será que dure muchos años,
y que llegues, ya viejo, a la pequeña isla,
rico de cuanto habrás ganado en el camino.
No has de esperar que Ítaca te enriquezca:
Ítaca te ha concedido ya un hermoso viaje.
Sin ella, jamás habrías partido;
mas no tiene otra cosa que ofrecerte.
Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado.
Y siendo ya tan viejo, con tanta experiencia,
sin duda sabrás ya qué significan las Ítacas.
Κωνσταντίνος Πέτρου Καβάφης
"Las almas tienen su particular manera de entenderse, de intimar hasta tutearse mientras los sujetos siguen cohibidos por los formalismos, aprisionados en el corsé de las normas establecidas. Las almas tienen necesidades suyas propias, aspiraciones a las que el cuerpo hará oídos sordos a poco que crea imposible satisfacerlas o realizarlas. Y cada vez que dos personas que se comunican de esta forma entre sí se encuentran a solas en algún lugar, experimentan turbación, angustia y casi una violenta repulsión al mínimo contacto exterior, sufrimiento este que las aleja y que desaparece en cuanto interviene un tercero. Entonces, pasado el mal rato, las dos almas, aliviadas, se buscan otra vez la una a la otra y vuelven a sonreírse desde lejos".
Luigi Pirandello, El difunto Matías Pascal.